miércoles, 10 de octubre de 2012

LA DERMIS (II)

En el post de hoy, seguiremos hablando de la dermis, esta cap tan complicada de nuestra piel.
De hecho, nos centraremos en los vasos sanguíneos que penetran ella y aportan oxígenos y nutrientes.


Las arterias penetran en la piel formando un plexo, desde el que parte una red que se ramifica a los apéndices cutáneos y al plexo subpapilar, que a su vez envía vasos a las capas capilares precisamente debajo del límite dermoepidérmico. A partir de estos capilares, la sangre drena por las venas que descienden por los plexos intermedios.
Todos los nutrientes para las células epidérmicas tienen que pasar a través de la unión dermoepidérmica. Ningún vaso sanguíneo penetra en la epidermis. La vascularización es mucho más compleja de lo que sería necesario únicamente para la nutrición; en efecto, la velocidad del metabolismo de la piel es inferior a la de muchos órganos mucho menos irrigados. De este modo, el control de la temperatura se presenta como la función más importante. Cuando los vasos superficiales están completamente dilatados, la piel aparece sonrojada y la pérdida de calor está en el máximo. Sin embargo, existen cambios más profundos en la dermis, entre los sistemas arterial y venoso, que pueden transportar toda o la mayoría de la sangre cuando se debe mantener la pérdida de calor en el mínimo. En estas circunstancias, se ha demostrado que los vases capilares superficiales se encuentran casi completamente contraídos.



La regulación del volumen total de sangre en la piel, al contrario que su distribución, está regulada por la vasoconstricción y vasodilatación de la circulación cutánea, y permite realizar un gran almacenamiento de sangre, disponible rápidamente para funciones centrales vitales en momentos de "stress". El mecanismo de la constricción de la luz de un vaso sanguíneo en la dermis puede ser debido bien a una activación general de las células mioepiteliales contráctiles en la pared capilar, o por activación de glomérulos, que son pequeñas envueltas con capacidad de contracción alrededor del vaso y que estrangula de modo efectivo el vaso y corta el flujo sanguíneo. Las operaciones de vasoconstricción y vasodilatación están reguladas por la secreción local de sustancias químicas (acetilcolina) procedentes de los nervios, hormonas (adrenalina) y, en el caso de lesión cutánea, histamina proveniente de los mastocitos de la dermis.




Otra función muy importante de los vasos sanguíneos es la de oxigenar a un tejido que está expuesto a muchos tipos de agresiones. Finalmente, se debe recordar que el suministro de sangre transporta todas las sustancias para la elaboración de los productos del folículo piloso y sus glándulas asociadas, así como las hormonas que influyen en su manufactura y las sustancias excretadas por las glándulas sudorales.

En el siguiente post hablaremos de las glándulas sudoríparas, que encontramos en la dermis.

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